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El viernes 1 de marzo de de 1493, después de haber descubierto las “Indias Occidentales”, recalaba en Bayona la carabela Pinta, tras cuarenta y cuatro largas jornadas de un tornaviaje sacudido por un proceloso estado de la mar que a punto estuvo de acabar en tragedia. A bordo, llegaban extenuados 25 tripulantes, comandados por Martín Alonso Pinzón, muy enfermo, y tres indios, uno de los cuales pudo llegar muerto o fallecer al poco tiempo en esta Villa. Permaneció la nave colombina diez días amarrada al puerto bayonés, durante los cuales fue carenada y abastecida para continuar luego su singladura a Palos de la Frontera, de donde había partido siete meses antes.
Este hecho, lejos de ser un simple y coyuntural lance en la historia local de Bayona, constituyó un acontecimiento de gran relevancia, tanto por las consecuencias inmediatas del mismo, como por su posterior trascendencia.
Bayona, gracias a la arribada de la Pinta, se convirtió en el Heraldo de la noticia del descubrimiento de un Nuevo Mundo. Merced a ella, la nave colombina se libró de un naufragio seguro, resultando a la postre, que dos de los tres indios que portaba resultaron ser los únicos supervivientes de cuantos indígenas llegaron a Castilla en el primer viaje, al fallecer el resto durante su estancia en España o en la travesía cuando regresaban a las Indias en el segundo viaje colombino. La arribada de la Pinta a Bayona fue además la causa, razón y origen de las primeras provisiones reales expedidas por la Corte sobre tierras Indias tras su descubrimiento y fue también la tabla de salvación de Martín Alonso Pinzón, quien con esta recalada hubiera evitado su condena en el caso de que su prematura muerte, por enfermedad, no se hubiera producido. La arribada de la Pinta a Bayona fue asimismo, en nuestra opinión, el ardid utilizado por Cristóbal Colón en su obligada recalada con la Niña a Portugal, en prevención de cualquier desafuero por parte de las autoridades lusas. |