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1 La Arribada, heraldo de la noticia del Descubrimiento

Decía el escritor y diplomático Agustín de Foxá (1903-1959), que el verdadero mérito de la expedición colombina no estuvo en descubrir un nuevo continente, sino en regresar con la noticia del extraordinario hallazgo. Y es que, para que exista un descubrimiento, además de llegar al lugar buscado mediante un plan preestablecido, tiene que darse una posterior difusión para que exista conciencia del logro.

Los vikingos llegaron a América mucho antes que los cristianos. Cuando lo hicieron éstos, ya existían allí otras personas, pero aquellas habían llegado accidentalmente, por casualidad, sin un proyecto o plan preconcebido y, sobre todo, sin que les siguiera una acción difusora de la existencia de tales tierras.

La arribada de la carabela Pinta a Bayona el 1 de marzo de 1493 con la noticia del Descubrimiento y la inmediata comunicación oficial a la Corte dando cuenta del hecho, constituyó la certificación y proclamación, ante el mundo occidental, del hallazgo de unas tierras hasta entonces para él desconocidas, pero buscadas mediante una empresa urdida, largamente proyectada y finalmente llevada a cabo con éxito.Y no hay duda alguna de que el capitán de la Pinta, Martín Alonso Pinzón, envió desde Bayona un comunicado a los Reyes anunciándoles el sensacional acontecimiento, como tampoco existe duda de que tal comunicado fue el primero que recibieron los monarcas. Así nos lo confirma el historiador Jerónimo Zurita, cronista del Reino de Aragón e hijo del médico de cámara de Fernando el Católico, en su Hª del Rey don Hernando el Católico:

“Con este cavallero le declararon que avía llegado nueva por una caravela de las que fueron con Colón, que aportó a la costa de Galicia, cómo avía hallado las islas y tierra que iba a descubrir…Que desto huvieron mucho plazer…y que estando para hazello saber al Rey de Portugal…les llegó una letra del Almirante, por la qual les hazía saber lo mismo, y que se avía venido por donde el Rey de Portugal estava…”

El que la noticia enviada desde Bayona fue la primera recibida por los Reyes, nos lo demuestra también el hecho siguiente: la “letra” enviada a la Corte por el Almirante, a la que hace referencia Zurita, no pudo salir de Palos de la Frontera al menos antes del 15 de marzo, fecha en que Colón arribó con la Niña a aquella Villa. Con anterioridad a esa fecha los Reyes ya habían enviado mensajeros a todo el norte de la Península, prohibiendo ir a las Indias sin licencia de Sus Altezas, como veremos detalladamente en el apartado V. La Corte, como es natural, tuvo que haber recibido bastantes días antes el comunicado desde Bayona y éste fue el que dio lugar a los despachos enviados por la Corona al norte peninsular.

Es verdad que el Descubrimiento de América se hubiera conocido igual sin la noticia de la Pinta, dado que la Niña también regresó, pero no es menos cierto que cuando los bayoneses ya eran conocedores de la hazaña lograda y la difusión ya estaba garantizada, la más pequeña de las naves aun estaba a medio trecho entre las Azores y Lisboa, pendiente de superar dos de las mayores pruebas que el tornaviaje deparó a la flota antes de arribar a tierras castellanas: la terrible tormenta que le sobrevino a la altura de Lisboa desde la noche del día 2 al día 4 de marzo, y los peligros derivados de su obligada arribada al puerto de Cascaes en Portugal. Dos escollos milagrosamente superados por Cristóbal Colón, pero que a punto estuvieron de echar por tierra, o mejor dicho por mar, todo su trabajo anterior.Con respecto al primero, basta con recordar los términos reflejados por el Almirante en su Diario de abordo los días 3 y 4.

“vínole una turbiada que le rompió todas las velas, y vídose en gran peligro… despues anduvieron a arbol seco, por la gran tempestad del viento y la mar que de dos partes los comía”.

“Anoche padecieron terrible tormenta que se pensaron perder de los mares de dos partes que venían y los vientos, que pareçia que levantavan la caravela en los aires, y el agua del cielo y relánpagos de muchas partes…”

“…dio el papahigo por no tener otro remedio y andar algo, aunque con gran peligro, haciéndose a la mar y asi lo guardó Dios hasta el día, que diz que fue con infinito trabajo y espanto”.

La situación debió ser tan desesperada que echaron suertes para enviar un peregrino en camisa a Santa María de Cinta, en Huelva, de llegar a salvamento, haciendo además todos voto de ayunar a pan y agua el primer sábado después de llegar. También nos dan una idea de la magnitud de la tormenta los testimonios de los portugueses al afirmar que estuvieran toda la mañana haciendo plegarias por ellos, y el hecho de que, después de su llegada, fuera la gente a verlos “por maravilla de cómo avían escapado” de aquel temporal en el invierno más extremo que recordaban, con todas las naves amarradas desde hacía cuatro meses y con 25 naos perdidas en Flandes.

En lo referente a su estancia de nueve días en Portugal, aunque Joao II diplomáticamente se mostrara muy cordial con el Almirante, tratándole con los honores debidos a su alto rango y proveyéndole gratuitamente de todo lo necesario, no hay duda de que Colón, escarmentado por la celada de Joao de Castanheda en la isla Santa María de las Azores, desconfiaba de otra posible traición, tal como estuvo a punto de producirse.

Nada mas entrar en Cascaes, el Almirante escribe al Rey luso pidiéndole que le “mandase dar lugar para ir con la caravela a la ciudad de Lisboa, porque algunos ruines, pensando que traia mucho oro, estando en puerto despoblado se pusiesen a cometer alguna ruindad…”. Durante los días 8, 9 y 10 de marzo, Colón mantuvo largas conversaciones con el Rey y aunque éste se mostró siempre muy cortés, a su alrededor se estaba perpetrando una nueva celada, según afirma el historiador portugués Joao De Barros (1496-1570) en su obra “Asia”:

“… con a magoa que víam ter a el rey de perder aquella empresa, offrecerâ se delles que ô querriam matar & com isto se euitaria jr este hômen a Castela. Ca verdadeiramente lhe parecia que a vinda delle auia de prejudicar a este reyno & causar algum desassosego a sua alteza por razam da conquista que lhe era côcedida pelos summos pontifices: da qual conquista parecia que este Colom trazia aquella gête. As quaàes offertas el rey nam aceptou, ante âs reprehendeo como principe cathólico, posto que deste feito de si mesmo teuesse escandalo: & em lugar disso fez merce a Colom & mandou dar de vestir de grâ a os hómeês que trazia daquella nouo descobrimento & com isto ô espedio”.

El martes día 12, cuando Colón se disponía a salir de Llandra, donde había pasado la noche, para trasladarse a la Niña y partir a Castilla, un escudero del Rey le ofrece hacer el viaje por tierra. ¿Era esta una nueva emboscada?.

Sea como fuere, Colón no tenía nada que temer. El sabía que la Pinta había llegado a Bayona y cualquier intento o maniobra de Portugal sería inútil y así se lo debió hacer ver al monarca.

El que Colón, en Lisboa, era conocedor de la arribada de la Pinta a Bayona no nos presenta mayores dudas, al igual que el que Pinzón conociera en la Real Villa la llegada del genovés a la desembocadura del Tajo, deduciendo todo ello de las declaraciones de dos testigos en los pleitos colombinos y que estuvieron presentes en los hechos. Juan de Aragón, vecino de Moguer, declaró en la probanza celebrada en 1552 en Sevilla que en el año 1493 “viniendo por la mar [se] encontraron [en Bayona] con un navío de un Martin Alonso Pinzon, el cual le dixo a este testigo y a los demás que el dicho don Xpóval Colón y Juan Niño y sus hermanos y parientes avian descubierto Yndias y avian desembarcado en Lisboa e yban a Barcelona a demandar albricias al rey don Hernando”. Hernán Pérez Mateos, primo de Pinzón, testificó en la probanza del fiscal Villalobos, que se encontró en Bayona a Martín Alonso y que éste “le hiso relacion de todo lo que avía pasado…y que se avian juntado [las dos naves] en la mar e con tormenta se avian apartado, y el dicho don Christóval Colón avia ydo a Lisbona y el avia llegado alli que es el dicho puerto de Vayona”.

Para Juan Manzano, uno de los colombinistas más acreditados de nuestro tiempo, los dos testimonios son absolutamente convincentes y dejan clara constancia de que Pinzón tuvo conocimiento en Bayona del feliz retorno de Cristóbal Colón y de su hermano Vicente Yañez a la Península, y en ese sentido, afirma el mencionado historiador, hay que suponer que Colón y Pinzón se cartearon, probablemente después de conocer el primero que el Capitán de la Pinta había escrito ya a los soberanos españoles. En ese probable supuesto, también Colón tuvo que conocer en Lisboa la llegada de la Pinta a Bayona. Si eso, como parece, fue así, y aunque al respecto nada dice el Diario, no nos cabe ninguna duda de que el Almirante se lo haría constar a don Joao II para disuadir cualquier tentación o malébola intención de los portugueses y en consecuencia podemos concluir afirmando que la arribada de la Pinta a Bayona fue una garantía para la integridad de Colón en Lisboa, o lo que es lo mismo, de no ser por la arribada de la Pinta a Bayona, probablemente no hubieran llegado las noticias del Descubrimiento a Castilla.

Resumiendo, el destino, o tal vez la astucia, el ingenio o la pericia, habían reservado a Martín Alonso Pinzón el inmenso honor de ser el que anunciara al mundo, en Bayona y en la Corte de los Reyes Católicos, la gran noticia del Descubrimiento. Con este anuncio, la proclamación del sensacional acontecimiento estaba garantizada, independientemente de lo que pudiera sucederle a Cristóbal Colón y a la Niña.