[baiona.org] [Ayuntamiento de Baiona]

2 La Arribada, salvamento de la carabela Pinta

El día 16 de enero, las carabelas Niña y Pinta emprenden su regreso a España. No sabemos si fue por negligencia de los capitanes, por hallarse inmersos en continuas disputas o tal vez, como afirmaría el Almirante el día 14 de febrero, “por cudiçia del prospero tiempo que entre las islas tuvieron”, pero el caso es que las dos naves acometieron el tornaviaje en precarias condiciones de navegabilidad.

Ya dos días antes de iniciarse el retorno, el reciente “Visorrey de las Indias” afirma “que le hacian agua mucha las caravelas por la quilla”. Y porque siempre es más fácil culpar a alguien que solucionar el percance, “quexábase mucho de los calafates que en Palos las calafatearon muy mal, y que cuando vieron qu´el Almirante avía entendido el defecto de su obra y los quisiera constreñir a que la enmendaran, huyeron”, corroborando finalmente su imprudencia y temeridad al tratar de justificar su incuria confiando en la Providencia: “…no obstante la mucho agua que las caravelas hazían, confía en Nuestro Señor que le truxo le tornará por su piedad y misericordia…”.

Iniciada la travesía, ante la falta de estanqueidad, la gente se entristece, Colón lo nota y vuelve a lamentarse: “Notó en la gente que començó a entristeçerse por desviarse del camino derecho, por la mucho agua que hazían ambas caravelas, y no tenían algún remedio salvo el de Dios…y el no se podía detener por el peligro del agua que cogían las caravelas…”.

Más que el mal calafateado, el motivo de la falta de estanqueidad probablemente era el mal estado de la obra viva de los cascos, deteriorados por la broma. Larga derrota les esperaba a los pobres marineros, sin otro remedio que deslomarse tirando de los guimbaletes de las bombas de achique día y noche.

La Pinta regresaba, además, con el mástil mesana roto, que le impedía navegar de bolina y ceñirse al viento. Colón se lamenta de ello el 23 de enero, acusando a Pinzón de no sustituirlo en las islas por uno nuevo:

“Esperava muchas veces a la caravela Pinta, porque andava mal de bolina porque se ayudava poco de la mezana por el mástel no ser bueno…”.

La Pinta ya no era aquella nave “velera” “sotil” y “ligera”, tan ponderada a la ida por el Almirante y que avanzaba siempre en vanguardia. Ahora, después de cinco meses de navegación en aguas cálidas, propicias a la formación de incrustaciones calcáreas en el casco, perforaciones causadas por la broma, suciedad desde la quilla a la línea de flotación y, sobre todo, un mástil fuera de servicio que le impedía aprovechar bien los vientos, se había convertido en un navío lento e inseguro. Para mayor desdicha, ambas naves regresaban con escaso lastre. El propio Colón reconoce su error al admitir que tenía el propósito de lastrar antes de partir, pero luego no lo hizo.

“Ayudava a acrecentar el peligro que venía el navío con falta de lastre… lo cual…no proveyó el Almirante, teniendo propósito de lo mandar lastrar en la isla de las mujeres…”.

Mala situación ante las terribles tormentas que le acechaban a la altura de las Azores. Y ante ellas se presenta la Pinta imposibilitada en su gobierno para dominar las olas, mantener el rumbo más conveniente y tratar de conservar su estabilidad. Con tanta cerrazón, la Pinta cruzó las Azores entre las islas San Miguel y San Jorge sin verlas. El relato que nos ofrece Colón del tremendo temporal ocurrido en estas islas los días 13 y 14 de febrero, es más escalofriante que el descrito los días 3 y 4 de marzo, estando a la altura de Lisboa. Los efectos de este último le rasgaron a la Niña todas sus velas. El de las Azores no le causó mayor deterioro a la más pequeña de las tres naves, porque oportunamente pudo refugiarse en la isla Santa María durante nueve días, esperando que amainara, pero es fácil deducir que siendo más virulento y largo que el otro, a la Pinta, en alta mar, le causaría mayores destrozos, teniendo en cuenta, además, que ya venía maltrecha. Otra referencia que nos puede dar idea del mal estado de la Pinta, es el tiempo empleado en hacer el trecho Azores, Bayona, aproximadamente 190 leguas en quince días, frente a los ocho invertidos por la Niña entre Azores y Lisboa, más o menos la misma distancia que la anterior. Y aunque la nave de Pinzón sufrió en alta mar las tormentas de las Azores, también la Niña tuvo que soportar las de Lisboa, compartiendo ambas el mismo estado de la mar entre el 23 de febrero y el 2 de marzo. La Pinta debió llegar entonces a Bayona tan malparada, que es fácil colegir que a Pinzón difícilmente le quedarían opciones de proseguir el viaje sin carenar la nave en la Real Villa.

En Bayona permaneció la Pinta diez días y, aunque Pinzón empleó este tiempo también para otros menesteres, la duración de la estancia, teniendo en cuenta que el capitán regresaba enfermo y desearía llegar a su casa cuanto antes, tuvo que estar determinada por las obras de reparación, que sin duda se llevaron a cabo por carpinteros de ribera de esta Villa, como se deduce del testimonio de Pero Arroyo en la probanza celebrada en Lepe en 1515:

“Porque este testigo, al tiempo quel dicho almirante del dicho viage venia con un navio suyo en que venia Martín Alonso Pinçon por capitán llegó a Vayona de Galyzia…y que este testigo ovo al presente quinientos pesos de oro que le dyo el contramaestre de la nao que es Juan Quintero vecino de Palos”.

Juan Quintero de Algruta, como dice el bien informado testigo, era el contramaestre de la Pinta, lugarteniente de Francisco Martín Pinzón, que tenía a su cargo el cuidado de la nave, de su carga, pertrechos, aparejos, etc., además de hacer ejecutar las órdenes dadas por el maestre y piloto. Pero Arroyo, sin duda, fue uno de los carpinteros en las operaciones de carenado de la Pinta, y los quinientos pesos de oro recibidos por éste del contramaestre, el devengo recibido por sus trabajos. Pero la cantidad antes citada no fue el costo total de la reparación de la nave, ya que hubo otros obreros que también recibieron estipendio, como Pero Enríquez, que afirma haber percibido del mismo contramaestre cuatro pesos de oro.

Hemos de recordar también que Colón, durante su estancia en las Azores, procuró aderezar y lastrar la Niña, aunque para ello encontró serias dificultades por el mal tiempo reinante y por no existir allí puerto seguro.

“Mandó adereçar el navío y hinchir las pipas de agua de la mar…”

“Levantó las anclas y fue a rodear la isla para buscar algún buen surgidero para tomar leña y piedra para lastre…”

Es lógico, por lo tanto, que la Pinta hiciera lo propio en Bayona, donde el puerto sí reunía todas las condiciones para ello.

De todo lo anteriormente expuesto, hemos de sacar las siguientes conclusiones: 1º) La Pinta regresaba en precarias condiciones de navegabilidad por falta de estanqueidad, lastre y aprovechamiento de los vientos; 2º) Las virulentas borrascas sufridas a la altura de las Azores tuvieron que agravar sobremanera el ya maltrecho estado de la nave; 3º) Tras quince angustiosos días con sus respectivas noches a la deriva, la Pinta logró alcanzar salvación en el puerto de Bayona, donde fue carenada; 4º) De no haber aportado a Bayona, las posibilidades de supervivencia de la nave serían nulas, dado que los días 3 y 4, cuando ya estaba a cubierto, sobrevino otra gran tempestad de viento y mar.

Hemos de convenir entonces en que la arribada de la Pinta a Bayona supuso el salvamento para esta nave.