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Artesanos de Baiona

El 7 de mayo de 1201, el Rey Alfonso IX concedía a “Bayona” su Carta Puebla o Fundacional, naciendo así uno de los núcleos de atracción demográfica más interesantes del Reino de Galicia-León, libre del dominio jurisdiccional de la nobleza. Consecuencia inmediata de esta circunstancia fue el nacimiento de una intensa actividad artesanal que jugó un papel fundamental en la economía y prosperidad de la Real Villa. Cantidad de herreros, zapateros, alfareros, peleteros, canteros, carpinteros, rederos, toneleros, hilanderos, etc., huidos de los campos de señorío, se asentaron entonces en “Bayona”, agrupados bajo sólidas estructuras gremiales, fuera del control señorial y favorecidos por el otorgamiento de numerosos fueros y franquicias reales. El posterior estancamiento social y económico del Reino hizo posible que aquellos oficios, con sus destrezas, sus materiales y útiles, perduraran hasta hace pocos lustros, pero finalmente el progreso y la revolución industrial de la era moderna modificaron radicalmente aquella realidad, haciendo desaparecer la casi totalidad de los mismos.

Uno de los objetivos de la Fiesta de la Arribada es la recuperación, a través de los talleres artesanales, de los viejos oficios que conformaron el estilo de vida de nuestro pueblo durante la Edad Media. Y hoy, en esta sección ya habitual de la Revista de La Arribada, queremos seguir homenajeando a nuestros menestrales más representativos, que con la sabiduría del tiempo, una técnica milenaria y su extraordinaria habilidad, hacen revivir en cada Arribada las raíces de un gran legado histórico que forma parte de nuestro preciado patrimonio cultural.

El encaje de bolillos, nacido en Italia, llegó a España en la Edad Media, procedente de Holanda, transmitiéndose desde entonces su técnica de generación en generación hasta nuestros días. Varios documentos conservados en el Archivo Histórico Municipal de Baiona, datados en el año 1735 y siguientes, constatan la existencia en la Real Villa de una importante actividad de encajes, calcetas, hilos y lino: “En Bayona se dedican las mugeres (sic) á fabricar medias de hilo y calcetas, en tales términos que llega su extracción un año con otro á cien mil docenas de pares”.

Con el fin de recuperar aquella tradición, que según los citados documentos “ocupaba a unas trescientas calceteras y unos diez tratantes”, nace en la Villa en 1995 el Grupo de Palilleiras de Baiona, por iniciativa y bajo la dirección de Charo Salgueiro, Guadalupe Refojos y Dolores Cedeira, tres emprendedoras y entusiastas mujeres, amantes del chantilly, de la blonda, del valenciennes... y de las tradiciones de nuestra tierra, empeñadas en que “antigua costumbre, nadie la derrumbe”. Esta Asociación de carácter no lucrativo, integrada actualmente por unas veinte mujeres encajeras, tiene como principal objetivo, además de recuperar las tradicionales labores del hilo, promover una serie de actividades relacionadas con su cultura, que van desde la investigación a la demostración, pasando por la creación, el diseño, la enseñanza, el fomento, etc. Todo menos la venta, porque de la artesanía, igual que del arte, cuesta desprenderse.

La Fiesta Medieval de la Arribada es, desde hace once años, la mejor ocasión para conocer la obra y el oficio de este grupo de menestralas. En ella se pueden observar sus creaciones de cada año y contemplar en vivo la asombrosa agilidad y destreza de sus manos artesanas y escuchar el peculiar tintineo de los hasta cuarenta pares de palillos sobre el mundillo o almohadilla de cada cual y ver el continuo cambiado de los más de cien alfileres del picado por los que van pasando los hilos en un intrincado entramado, como si de una tela de araña se tratara, dando lugar al nacimiento de un primoroso encaje con destino a un pañuelo, cuello, puño, cortina, juego de cama, mantelería, cubrebandejas, tapete, cofia, lencería u ornamento litúrgico, que para todo se puede aplicar tan sutil labor.

Excelente labor de recuperación de un viejo oficio artesanal, barrido como tantos otros por la mecanización industrial. Nuestro reconocimiento y parabién a Charo, Guadalupe, Dolores y demás componentes del Grupo de Palilleiras de Baiona.

Pocos talleres existen con tanto rigor histórico y pocos artesanos practican en la actualidad tan ancestral oficio con tanta entrega y profesionalidad. En la Arribada, el noble oficio de “ferreiro” se ve fielmente reflejado en la persona de Manuel Quintas Vergara y en su “forxa”. Artesano que de muy niño aprendió el oficio de su padre, quien a su vez lo había hecho de su abuelo y éste de su bisabuelo, nos permite con su trabajo trasladarnos a las primitivas herrerías de la Villa, donde se forjaban los picos de los pedreros de la muralla, los machetes de los carniceros de la Villa vieja o las herraduras de los caballos del fonsado. En su taller, uno de los más concurridos por los visitantes, nos llama la atención la “fornalleira”, cajón de cenizas y escorias donde arde el carbón de piedra que pone el hierro al rojo vivo. Adosado a élla, está el enorme “fol”, accionado por el aprendiz mediante una gran palanca. Al lado, la “zafra”, la “pía” de agua, la “moa” de “amolar” y el atizador. Alrededor, tenazas de vuelta o de gancho, mazos y martillos, “talleiras”, y “tronzafríos” para cortar, “pugas” para perforar o “avellanar” y “tufos” y “sufrideiras” para dar forma a determinadas piezas. Y en medio, el gran maestro herrero batiendo el incandescente metal que acabará transformándose en una “trepia”, una “rella”, un “fouciño” o un “cataventos”, que una vez acabados son firmados al fuego con sus iniciales, como corresponde a un gran menestral. Y mientras atiza el fuego y el hierro se pone al rojo vivo o saca chispas con el martillo, el maestro habla y “baralla”, explica, instruye y aconseja, critica, reprueba y condena, como lo hacían antiguamente sus homólogos ante los vecinos que en las horas de solaz siempre acudían a la forja para aprovechar el calor y ponerse al día.

“Quen queira sabe-las cousas
vaia a forxa do ferreiro,
dea a volta polo forno,
veña polo fiadeiro.”