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La Fiesta de la Arribada fue creada por el Ayuntamiento de Baiona en el año 1996. En términos generales, consiste en la reproducción real de la arribada de la Pinta, en los mismos escenarios de hace cinco siglos, al amparo de una Villa transformada en un burgo medieval mediante la ambientación, animación, usos, costumbres y vivencias de aquella época, con todo el sabor de aquellos tiempos de luces y sombras, con un mercado y una algarabía de mercaderes y artesanos, comediantes y personajes variopintos que consiguen meter al público en el túnel del tiempo y transportarlo al medievo. Una fiesta que, adquiriendo un profundo significado histórico, goza de la total aceptación de los lugareños y las decenas de miles de visitantes que participan en cada edición huyendo de los agobios contemporáneos y dejándose llevar por los colores, sonidos, formas y sabores de un tiempo terrible y a la vez espléndido, cuyo aroma se conserva aun en no pocos rincones de la Villa.
Los preparativos comienzan dos meses antes de cada edición con los ensayos escénicos, la publicación del Reglamento del Real Mercado Medieval y la puesta a punto del atrezzo y vestuario medieval. Faltando un mes se hacen públicos el Bando del Corregidor y las Provisiones, Cédulas y Albalás para el mejor provecho y servicio de la fiesta y de cuantas almas a ella acudieren. Dos semanas antes se inician los trabajos de ambientación, eliminando o camuflando en todo el recinto cualquier elemento moderno, cambiando los nombres de las calles y plazas por los propios del medievo, montando portones y postigos a las entradas y salidas, colgando cientos de reposteros, estandartes, gallardetes y blasones de época en los balcones, ventanas, corredores y solanas, disponiendo en las plazas y rincones toda serie de aperos, trebejos y pertrechos que nos recuerdan las faenas y oficios de nuestros antepasados. Se distribuyen luego por todo el casco más de doscientos cincuenta tenderetes de época, destinados a la venta de mercadurías y vituallas, dedicando las plazas a exposiciones de antigüedades, juegos infantiles de época, talleres de artesanos, etc.
Ambientados así la playa, muralla y casco antiguo, la Villa comienza a tomar vida con una asombrosa animación medieval que dura dos o tres días. Tras el recorrido del pregonero anunciando el comienzo del Real Mercado, cientos de mercaderes, artesanos y menestrales se van asentando en sus puestos para mercadear o mostrar sus habilidades artesanales, siempre sujetas a un gran rigor histórico. Pronto las calles se convierten en un hervidero de bufones, truhanes, ciegos, mendigos, juglares, malabares y otros personajes variopintos, dispuestos a ejercer sus oficios de antaño. En la iglesia y capillas se celebran conciertos de música medieval, donde las zanfoñas, violas, citolas y arpas lo mismo acompañan a las cantigas de ciego que a las de Santa María o Martín Códax. Y en la playa, grandioso escenario natural con aforo para miles de personas, se desarrollan continuos torneos de justas, tiro con arco, esgrima, cetrería montada, etc., llegando la fiesta a su apogeo con la escenificación de la Arribada de la Carabela Pinta.
Ya en su decimotercera edición, la Fiesta de la Arribada es una referencia de la Villa en toda la Comunidad Autónoma, ya que desde 1999 goza de la declaración de Fiesta de Galicia de Interés Turístico y de un reconocido prestigio a nivel nacional, trascendiendo su organización a otras comarcas y pueblos, como es el caso de los colombinos de Palos de la Frontera (Huelva) y Santa Fe (Granada), donde ya la reproducen con notable éxito. El Ayuntamiento cuenta con un interesante patrimonio de atrezzo, tenderetes, portones, reposteros, pendones, vestuario, etc., así como abundante material documental, etnográfico y museístico, talleres de indumentaria medieval, encajes de bolillos, grupos de teatro clásico, de música de cámara, etc., y de una gran capacidad organizativa. |